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Lecciones Neuropandémicas: Diario de Cuarentena 3er entrega.

Actualizado: 22 jun 2020

por Miguel Rivas (Director de Alta Gerencia Internacional - Unión Europea - Sede España).













por

Miguel Rivas

Director Pleno de Alta Gerencia Internacional Unión Europea

Sede España









LO IMPERATIVO A REVISAR + LO CONVENIENTE A CONSIDERAR TRAS PANDEMIA

(Corona Virus - CoViD-19 / 1ª Parte de dos: “Lo imperativo a revisar”)

LO IMPERATIVO A REVISAR TRAS LA PANDEMIA

(Analogía con las 4 P, Prof. Jerome Mc Carthy)

P1: Producir (Hacer, Quehacer, Rendir)

P2: Poseer (Adquirir, Acaparar, Tener)

P3: Parecer (Aparentar, Creérsela, Simular)

P4: Poder (Avasallar, Codiciar, Imponer)


Hay gente que se infla como un globo de helio cuando el mundo está repleto de alfileres. (Anónimo)



LO IMPERATIVO A REVISAR TRAS LA PANDEMIA

(Analogía con el modelo de las 4 P, Prof. Jerome Mc Carthy)

“El que cría caballos debe limpiar sus establos”

1ª P: Producir (Hacer, Quehacer, Rendir)

2ª P: Poseer (Adquirir, Acaparar, Tener)

3ª P: Parecer (Aparentar, Creérsela, Simular)

4ª P: Poder (Avasallar, Codiciar, Imponer)

POSEER (P2, 2ª Parte):

“Los bienes son para quienes saben disfrutarlos.” (Epicuro de Samos – 341 a.C - 270 a.C)



El rey Midas

(Adaptación del cuento/leyenda del Rey Midas o Mita, rey de Frigia, 740 - 696 a. C)

Érase una vez un rey bueno que se llamaba Midas y que disfrutaba de la vida, junto a sus dos hijas. Sólo tenía un defecto*: que quería tener para él todo el oro del mundo. Un día, el dios Dionisio le concedió un deseo por ser generoso anteriormente con un amigo que lo necesitó y a quien dio alojamiento y comida.

El dios le dijo:

- Lo que pidas te concederé - Quiero que se convierta en oro todo lo que toque, dijo Midas - ¡Qué deseo más tonto, Midas! Eso puede traerte problemas. ¡Piénsatelo, Midas! - Eso es lo único que quiero y pretendo en esta vida, dios Dionisio - Que así sea, pues – dijo el dios

E inmediatamente fue convirtiéndose en oro todo lo que Midas tocaba; sus vestidos; las flores del jardín; las puertas de palacio… Hasta sus hijas que tanto quería y hasta el perro que siempre lo acompañaba se transformaron en estatuas doradas.

Midas comenzó a inquietarse poniendo el grito en el cielo. Grave e insoportable fue para su gula cuando quiso comer y todos los alimentos eran imposibles de ser ingeridos pues se habían vuelto también de oro y no hacían más que exhibirse compitiendo con

los restantes adornos de la mesa.

Visto el desaguisado, fue cuando Midas salió en busca de Dionisio que acabó

recriminando su postura:

- Te lo dije, Midas – dijo el dios, te lo dije. Pero ahora no puedo librarte de la petición que hiciste hasta que rectifiques y te arrepientas del deseo de poseer todo el oro del mundo. Vete, sumérgete en el agua que trae el río. Si al salir no puedes liberarte del deseo material y codicia que te agobia, ya no tendrás remedio y todo lo que te rodea se quedará tal como anhelaste que te lo concediera.

Midas salió escopetado y corrió hasta el río para meterse en sus aguas. Cuando había transcurrido un buen rato, temeroso y sigilosamente, buscó la orilla. Fue raudo a tocar las ramas del primer árbol y oler flores de las plantas cercanas que volvían a ser frescas y naturales, recuperando para él su textu- ra y fragancia característica, aumentando su regocijo y arrepentimiento por el error de bulto cometido.

Midas se había liberado del deseo materialista y hondo desasosiego que había sorprendido a Dionisio. Desde ese instante apreció lo que tenía, cambiando palacio por choza que decidió construir en un bos-que cercano para él e hijas. Y dejó este mundo, como un campesino más de los que habitaban el lugar.


(*) El defecto de los defectos es no caer en la cuenta de que se tienen.

“Quien se casa, casa quiere” (“Ganarás la vida con el sudor de tu frente”)

Son más bien mandatos; entre muchos otros y variados. Mandatos más que refranes o adagios populares que han ido labrando la imperiosa necesidad de incurrir en esfuerzos que conducen a poseer bienes y contratar servicios para cubrir necesidades materiales. Se hunde la barca por el peso que lleva o por hacer agua:

Lo que hunde enseña finalmente a nadar.

Sólo posees aquello que no puedes perder en un naufragio. (Proverbio hindú)

Existencia, supervivencia y supravivencia se vinculan y son complementarias y se suceden por tipo de necesidad que exige la supervivencia y otras; muchas menos, por alcanzar una digna existencia. A ella aspira cualquier ser humano movilizado y consciente de satisfacer sus requerimientos básicos, y no tanto, por exigencias sociales, de coyuntura económica o situación puntual por la que se atraviese que podrá dejar lecciones para tal supervivencia.

Es de notar también el supuesto vínculo entre hacer y poseer, como si una tarea indujera a la otra o se necesitaran mutuamente en la empinada carrera de la supervivencia. Ésta se antepone a la supravivencia desde la esencia y que siempre podrá ser rescatada y para la que nunca es mucho el empeño ni demasiado tarde para llamarlo.

Lo tuvimos todo siendo Nadie y lo perdimos todo intentando ser Alguien.

Quien hace y labora busca legítima compensación material al esfuerzo realizado sin que no sea difícil dejarse tentar (cuando sobra esfuerzo y falta entrega o pasión) por el afán de optimización personal que a todos siempre atrae y muchas veces concluye en la expectativa más que conocida y generalizada de:

“Máxima satisfacción con el mínimo esfuerzo”

Lo dicho puede ser la antesala y justificación de “Il Dolce far Niente” (El Dulce hacer Nada), según se dice por Italia haciendo gala de cierta idiosincrasia y aparente “saber vivir”.

Hace muchos siglos se propaga una cita del maestro Confucio (551-479, a.C.): “La naturaleza de los hombres es la misma, solo sus hábitos los separan”.

Y, desde Roma, completaba Ovidio (43 a.C-17 d.C) con sumo acierto: “Nada más poderoso que poseer un hábito mal administrado”.


El Ser no admite temores, dobleces ni lindezas.

La injuria y el insulto son rupturas del sistema del lenguaje. (Jacques Lacan)

La lengua castellana es pródiga en giros e insultos coloquiales de los que muchos no llegan al diccionario de la RAE, pero revisten tal dureza que se vuelven esponjas receptoras de la furia emocional de quien los suelta. Tal desahogo aligera la carga del protagonista y contribuye a actualizar tales voces confirmando su registro en el tiempo desde ese mismo instante de recuerdo y cita. Se invocan una veintena de los más usados para corroborar e ilustrar que todos evitan el Ser y se dirigen hacia un determinado hacer (mal hacer).

Se advierte de posibles diferencias, según sea el país hispanohablante del lector/a: Abrazafarolas, Asaltacunas, Bocachancla, Cantamañanas, Cagaprisas, Cierrabares, Lameculos, Mascachapas, Matasanos, Meapilas, Metomentodo, Pagafantas, Pelagatos, Perroflauta, Picaflor, Picapleitos, Pichafloja, Pintamonas, Soplagaitas, Sujetavelas, Tuercebotas, Vendehúmos, Zampabollos.

Retomando incidencias que afectan transacciones, supervivencia y supravivencia, la compensación económica en dinero contante y sonante que reemplazó a la histórica permuta o trueque propició la Edad Moderna en la que los excedentes dinerarios dieron lugar al préstamo, la especulación y la usura; todos muy relacionados. Lo dicho sofisticó al sistema financiero cuyo afán de poseer y desregular mercados (el pirómano toma distancia de un fuego que no abandona) ha precipitado rupturas socioeconómicas en muchos países de diversas latitudes.

Cuando un hombre es penalizado por su honestidad, aprende a mentir. (Criss Jami)

Los medios de comunicación son parcos en documentar dramas y tragedias cuando suceden en pequeños países. Sus economías dependen, generalmente, de un mono producto o están apuntaladas por un único sector de actividad y pueden verse sumidos en una pobreza que condena a sus habitantes, sin que la ONU y otras agencias multilaterales hagan lo necesario para llegar a tiempo y morigerar una parte de un impacto semejante.

Se recurre a la Neurociencia para ver que el cerebro no está preparado para lidiar con la vida actual:

Las decisiones económicas y buen comportamiento son exigencias mayores, en la vida actual, para ese viejo órgano (“Cerebro rico, Cerebro pobre”, R. Izquierdo y Pedro Bermejo; presidente de la ASOCENE, Asociación Española de Neuroeconomía). El tiempo evolutivo del que se tiene constancia no ha sido suficiente para garantizar que salga airoso ante la novedad. Bascula entre tener para comer y lidiar con excedentes que la ingeniería financiera intenta rentabilizar, aunque compitiendo con lo que genera la actividad

profesional o el esfuerzo laboral de cada día.