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Lecciones Neuropandémicas: Diario de Cuarentena 5ta entrega

por Miguel Rivas (Director Pleno de Alta Gerencia Internacional - Unión Europea - Sede España).












por

Miguel Rivas

Director Pleno de Alta Gerencia Internacional - Unión Europea

Sede España









LO IMPERATIVO A REVISAR + LO CONVENIENTE A CONSIDERAR TRAS PANDEMIA

(Corona Virus - CoViD-19 / 1ª Parte de dos: “Lo imperativo a revisar”)

LO IMPERATIVO A REVISAR TRAS LA PANDEMIA

(Analogía con las 4 P, Prof. Jerome Mc Carthy)

P1: Producir (Hacer, Quehacer, Rendir)

P2: Poseer (Adquirir, Acaparar, Tener)

P3: Parecer (Aparentar, Creérsela, Simular)

P4: Poder (Avasallar, Codiciar, Imponer)



Hay gente que se infla como un globo de helio cuando el mundo está repleto de alfileres. (Anónimo)



LO IMPERATIVO A REVISAR TRAS LA PANDEMIA

(Analogía con el modelo de las 4 P, Prof. Jerome Mc Carthy)

“El que cría caballos debe limpiar sus establos”

1ª P: Producir (Hacer, Quehacer, Rendir)

2ª P: Poseer (Adquirir, Acaparar, Tener)

3ª P: Parecer (Aparentar, Creérsela, Simular)

4ª P: Poder (Avasallar, Codiciar, Imponer)

PODER (P4):

“A un héroe se le mide por la fuerza de su corazón”

(Dios Zeus a Filoctetes, Filo – Rip Torn a Danny De Vito)

(“Hércules”, The Walt Disney Feature Animation, 1997)



Quien teme padecer, padece lo que teme.

(Agustín de Hipona)


Bien podría haberlo planteado la Dra. Sendino (África), cuyo libro póstumo resume su trayectoria vital y vocación médica, clara y comprometida

(a colación de las conversaciones mantenidas con Pablo d’Ors) tras completar décadas de consagración profesional en el mismo hospital.


En “Sendino se muere” (Fragmenta Editorial, 2012), se recoge la impotencia profesional que se experimenta al darse cuenta de que el impacto del que emite órdenes es tan coyuntural o efímero como el diagnóstico leve que se supera con corto reposo o preceptiva aspirina que nunca falta en casa precavida responsable del cuidado de los suyos. La cura y antídoto seguro será siempre tener la capacidad de saber escuchar. La compasión nace desde bien abajo: solo intuye la fuente quien ha desfallecido ante su sed. Solo los que han dejado heridas detrás trascienden al curar y sanar: la cicatriz como evidencia.

La mayoría de mis pacientes consistieron no en creyentes sino en

personas que perdieron la fe. (Carl Jung)


Dar y Darse no está ciertamente al alcance de cualquiera. Hace falta mucha delicadeza para no apabullar al que se tiene cerca, sobre todo cuando hay notoria diferencia de posición entre el que está en disposición de ofrecer y ofrecerse y aquel que acepta recibir como última esperanza ante la imperiosa necesidad por la que atraviesa

y no hay familiar ni amistad cerca.


Hacer el bien por el interés nos vuelve astutos, no buenos. (Cicerón)


Hace años, un estudiante universitario de un estado norteamericano hizo una repentina pregunta a la antropóloga Maggie Mead sobre cuál consideraba que era el primer signo de civilización en una cultura. El alumno esperaba que Mead hablara de anzuelo, ollas de barro o piedras de moler. Pero no. Mead dijo que era un fémur roto que luego fue sanado. Mead explicó que en el reino animal si te rompes una pierna, mueres. No puedes huir del peligro. Ir al río a por agua o buscar comida te hace carne de bestias que merodean. Ningún animal sobrevive a una pierna rota el tiempo suficiente para que el hueso sane. Un fémur roto que se ha curado es evidencia de que alguien se ha tomado el tiempo para quedarse con el que se cayó, ha podido vendarle la herida, le ha llevado a un lugar seguro y le ha ayudado a recuperarse. Mead dijo que ayudar a alguien más en las dificultades es el punto donde comienza la civilización.

(Dr. Ira Byock)

El tiempo de una peste es tiempo de otro contacto: los ojos son los que nos ven. Son los ojos del profesional de la salud que ven a nuestros seres queridos y viceversa. Las mascarillas (barbijos; gafas de ocasión) buscan y conectan nuevas miradas, y el roce de piel es sustituido por un foco afectivo visual: el de “su mirar en mi mirar”.

(Marta Sáez, AdD)


Si no agrada lo que se recibe o escucha habrá que revisar lo que se está dando o diciendo.

La herida causada por una lanza puede curar, pero la causada por la lengua es incurable. (Proverbio árabe)


¡MAESTRO! ¿Cuál es el secreto de tu serenidad?

Cooperar amorosa e incondicionalmente con el otro en lo inevitable para prepararnos juntos y compartir luego lo aprehendido.

Hay que prepararse para aprender y saber recibir, mostrándose agradecido y dispuesto a trascender lo tangible de la dación o donación preservando la relación, por encima de todo, y quedarse con la cara de quienes extienden la mano y no por lo que dejan. Vicente de Paúl (1581-1660) lo borda cuando proclama y advierte:

“Te harás perdonar el pan que das”.

Hay heridas que al abrir la piel abren los ojos de la conciencia.

Quien especula al formalizar una supuesta “ayuda al prójimo” yerra o hiere (aunque se traduzca como social o políticamente correcta) aunque sea frecuente, en un mundo de formas, cuando se visten de mecenas que dan lo que les sobra, aspirando a solucionar la vida (material) a quienes ellos mismos imponen como depositarios

de un desprendimiento en forma de autobombo.


Cada brecha destila sangre cuyo color característico es alarma de atención y lección.

Echar una mano sin protagonismos diferencia a quien abraza su “Yo esencial” del que necesita proclamarse salvador ocasional, aparentando resolver lo que el otro aún no ha solicitado o resultándole indiferente el tipo específico de necesidad que posee.

Nadie es tan pobre para no dar ni tan rico para no recibir. (Jaime Jaramillo)

En la unificación, se transparenta y proclama el vínculo existente con el otro: “Yo soy Tú; Tú eres Yo” - Expreso lo que me dice verte; expresas lo que ves que te digo.

El poder que se echa de menos

El silencio lleva inherente otro poderío, como un mar o una extensión nevada

con la que uno se maravilla. (Erling Kagge)

Quien tiene autoridad (de autor) accede al poder legítimamente. Lo concreta cuando lo ejerce responsablemente al administrarlo en sintonía con los dirigidos que comulgan con su Ser que se acostumbran a emitir sus opiniones libremente y mostrar su talento. El poder se sube a la cabeza cuando encuentra un cerebro vacío.

Hay personas que aman el poder. Otras tienen el poder de amar.

La gente no cambia hábitos sino cambia antes la forma de pensar. (Marie Kondo)

El líder cuya naturaleza es su autoridad evita que el poder se torne amenaza o sustituto del Ser, emitiendo órdenes responsables, al tiempo que educa e instruye con su ejemplo sobre cómo deben ser hechas las cosas. El que abraza el poder, sin comprender aun la esencia de quien para él trabaja, cree ingenuamente que puede contradecir lo que dice con lo que hace resintiendo la aconsejable consigna de: “Enseñar con el Ejemplo”.

Siempre hay una contraparte que si no se subordina frustrará la expectativa de ese jefe o directivo que está remunerando exclusivamente la dedicación temporal de unos “haceres encomendados”. Sería iluso que pensara que, al mismo tiempo, esté pagando “seres que buscan descubrir su interioridad para afrontar las adversidades que presenta el mundo que les rodea”, que canalizará fuera de su tiempo de trabajo y por

“otro tipo de estipendio”, no expresado en moneda.

Personajes como los descriptos son los que priorizan su voluntad de poder y amparados en avances científicos y técnicos, que presumen de controlar, se erigen en señores y artífices del destino que su particular universo les tiene, supuestamente, prefijado y reservado.

Cuando el que manda pierde la vergüenza, el que obedece pierde el respeto.

(Georg Lichtenberg)


Emulando a los señores feudales, proliferan hoy los que se atribuyen unilateralmente exclusiva potestad en reordenar el medio ambiente y los bienes naturales, así como el derecho a practicar clonación de seres vivos que eligen al azar, según deseo o codicia.

El silencio es un arma inocua ante la guerra de palabras o de cualquier otra. (Se declara la guerra cuando surge una idea y acuden soldados para sostenerla)


Tales señores, propios de épocas medievales, se proclaman padres putativos de criaturas a las que les pronostican un venturoso futuro sin otros estudios que la premonición de un ego que ignora consecuencias de su avaricia y funesta gestión de quien lo porta.

El hombre ha hecho del dinero su ídolo y fetiche ya es utilizado para adquirir valores cual materias primas o commodities (materias primas de valor comercial que habitualmente se cotizan en bolsa) que puedan ser ofrecidas, en compensación, a quien

entrega voluntad e identidad cual vulgar moneda de cambio.

Ningún precio es imposible de asumir ante el privilegio de ser uno mismo.

(Friedrich Nietzsche)

La necesidad de recuperar la esencia interior devuelve al hombre a la única fuente de poder auténtico que tiene disponible. El Ser nos pone a salvo de acumular cadáveres, destruir flora o fauna como de pervertir la distribución de bienes y servicios ofreciéndolos al mejor postor.

Si todos nos diéramos la mano, ¿quién sacaría las armas? (Bob Marley)

Abulia, Apatía y Codicia llevan a la somnolencia como la falta de identidad a la inconsciencia. (Silencio y violencia son relojes que despiertan

según sean educación, fuerza física o poder adquisitivo).

Los que evitan el Ser huyen del silencio y se ven mejor representados por el poder verbal de la palabra cuyo significado cuesta ya distinguir del ruido ensordecedor de discursos respaldados, muchas veces, por bayonetas prestas a trascender la retórica intelectual.

El dogma cual monopolio implacable ejerce el poder desde la palabra y su significado.

El arma política por excelencia es el diccionario. (Josef Stalin)

El ser humano se ha lanzado a discusiones infinitas: la poca felicidad que le brinda el ruido bastaría para demostrar cuán lejos le va apartando de su vocación y misión en la vida. (Charles de Foucauld)

El silencio representa un tipo de arma que trasciende el habitual campo de batalla discursivo que genera, llamativamente, mayores conquistas que las obtenidas al declarar guerras o decidir invasión alguna. Tampoco es perentorio fijar plazos para ocupar territorios que, al ignorarlos, liberan de apropiarse de pertrechos, y cuyo uso será proporcional al grado de interiorización.

El silencio se pertrecha sin endeudarse para el campo de batalla (interior) (La palabra alienta una batalla cuyas razones e intereses no son propios)

Dos municiones cargan un arma inocua y batalladora como el Silencio, que benefician a las partes por igual y sin correr riesgos en la batalla que se precie:

- Biología heredada, provista por la propia Naturaleza y su código genético; - Entrega (biografía), aportada por quien la acepta como compañera y aliada.

La peor batalla es la que se libra entre lo que se sabe y lo que se siente.

Se requiere más coraje para escudriñar los rincones del Ser que para luchar en un campo de batalla. (Omid Safi)

“La Ley del Silencio” (“El que calla, otorga”)

La violencia interiorizada es fruto de la carencia de vocabulario interior. El poder social ha estado tradicionalmente asociado al derecho de hablar, a dejar hablar y mandar callar. Palabra y silencio han sido, son y serán instrumentos de poder cuya afectación e impacto será proporcional al buen uso que se haga de cada uno de ellos. Reaprender es necesario para describir lo que se siente, se piensa, se desea, se necesita, se aspira, se busca, se echa de menos, se quiere amar.

El silencio que se sugiere desde Amigos del Desierto rehúye del observado en los centros de poder en los que miedo, inseguridad y desconfianza son partes consustanciales de un silencio mordaz.

Sólo entre hombres de bien puede existir amistad, ya que los perversos sólo tienen cómplices; los voluptuosos, compañeros de vicio; los interesados, socios; los políticos, partidarios; los príncipes, cortesanos. Únicamente, los hombres honrados tienen amigos. (Voltaire)

No he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca, ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. (Francisco de Quevedo)

Francisco de Goya (1746-1828), refleja el miedo en la expresiva pintura que se exhibe en la sala que le dedica el Museo del Prado, Madrid: El Coloso (también llamado Pánico o Tormenta) pintado durante la Guerra de la Indep