top of page
Buscar
  • Alta Gerencia

La Solidaridad: PIEDRA ANGULAR DEL COVID-19 (*)

Actualizado: 25 may 2020

por Oscar Mena Redondo (Director de Alta Gerencia Internacional - Costa Rica) y otros (1)




Una visión global solidaria, con foco latinoamericano y zoom de Costa Rica

Un modelo de vocación científica de visión transdisciplinar





Por

Oscar Mena Redondo

Director de Alta Gerencia Internacional

Costa Rica

Docente

Conferencista


(1) Dr. Enrique Rojas Franco

Expresidente del Colegio de Abogados, Catedrático UCR


(*) los comentarios del post publicado corren por cuenta de los autores.






"Incluye adaptación y comentarios de CEO de AGI: Compartimos este posteo adaptado por el suscripto para toda Latinoamérica y Unión Europea, con el propósito de valorar lo esencial y para que cada uno en su país observe que nuestras crisis económicas y sociales son similares y que la pandemia tiene un impacto idéntico en todo el mundo y que va más allá de la economía.

¿Cómo será el nuevo paradigma postpandémico?

Depende de cada uno de nosotros, desde Alta Gerencia Internacional abogamos desde 2015 por el desarrollo de personas, organizaciones y comunidades + sensibles + inteligentes + responsables + empáticas, nuestra identidad se refleja en la Metodología transdisciplinar que se sustenta en el Pensamiento Neuro Vincular que originó el programa Econoia: NACE un nuevo manager, basado en las Neurociencias Aplicadas en Ciencias Económicas y Educativas como un modelo transdisciplinar; luego de la lectura de este posteo, reflexiono acerca de renominar al mismo: Econoia: NACES: Neurociencias Aplicadas al Comportamiento Esencial y Solidario. Los invito a realizar una introspección, autocrítica y reflexión juntos para tratar de estar mejor, gratitud y amistad a los autores que dan origen a este posteo para reflexionar y analizar una visión transdisciplinar al decir de los “Ticos” (Costarricenses), llena de “pura vida (Dr. Oscar Malfitano Cayuela - CEO de AGI)”.




La evidencia histórica demuestra que las cinco pandemias más letales han sido: Viruela, Sarampión, la Gripe Española, la Peste Negra, el VIH y ahora el COVID-19, prioriza la supervivencia a lo largo de los grandes esfuerzos mundiales con algunas diferencias buenas o malas de algunos países para evitar que numerosas personas mueran.


El hecho de que estemos en confinamiento físico durante tantos días no nos obliga a permanecer en confinamiento intelectual, sobre todo por los económicos y resultados fiscales, que a pesar de los esfuerzos de consolidación fiscal, hacia el endeudamiento de los Gobiernos Centrales que ha venido creciendo ininterrumpidamente desde el año 2008 cuando por ejemplo, en Costa Rica, representaba 24.08% del PIB y hasta alcanzar el 59.3% al final de 2019 y que los analistas señalan los peligros de niveles de deuda de 60% y la amenaza de llegar al 70%, básicamente por el porcentaje del gasto que los intereses llegan a representar en el Presupuesto Nacional; no obstante, en atención a la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas y los temas económicos-legales, en momentos en que el país atraviesa por una dura situación en materia económica, financiera y productiva por el trauma COVID-19; nos estamos dando cuenta de que la “Caja de Pandora” se ha abierto, también nuestras mentes se han abierto y como profesionales tenemos la obligación de ser proactivos y catalíticos para aportar soluciones para que juntos construir un futuro mejor para Costa Rica y el mundo, privilegien verdaderamente el interés general sobre el interés particular o de la minoría.


Al respecto, el tratadista Raidan, (2009) (2) , afirma que el estado es una construcción social, su realidad organizacional es la consecuencia de un proceso en el que se cristalizan respuestas a situaciones problemáticas surgidas de demandas y conflictos sociales.


La realidad organizacional del Estado, no es una unidad que responde a un conjunto coherente de objetivos y metas y en cuyo interior se realiza una multiplicidad de actividades instrumentales para su logro, por el contrario, se resalta la heterogeneidad de los mecanismos institucionales, la elevada probabilidad de tensiones en su interior, la incoherencia en los comportamientos y la diversidad en la naturaleza y consecuencias de las relaciones que cada unidad establece con los sectores de la sociedad a los que dirige sus actividades.


Cabe destacar que vivimos en un mundo extremadamente conectado, no solamente en lo digital, sino también en lo físico y en ese sentido tenemos contactos con cientos de personas día a día y nos trasladamos miles de kilómetros en tiempos cortos, y no obstante, ante el COVID 19, el ambiente, es más negativo, sobre todo porque enfermedades nuevas que aparecían y en poco tiempo atacaban a toda una población eran capaces de atravesar fronteras y convertirse en pandemias, cambiando el destino de los lugares y las personas que se veían afectadas por ellas.


En el caso de Costa Rica, que hemos decidido seguir la “vocación científica” para tratar de contribuir a entender un poco mejor los aspectos específicos de cómo funciona el mundo, nos conecta el interés por sistemas complejos.


Recordemos que un país es un buen ejemplo en donde las personas, la industria, la infraestructura de transportes, la producción, la economía, las leyes y las relaciones internacionales hacen que sea difícil entender cómo será el futuro a largo plazo, porque en los sistemas complejos no podemos depender solamente de la intuición.


Nuestras dificultades nacen de la cantidad y diversidad de interacciones que ocurren día con día e instante a instante, pues conversamos con amistades, pagamos los servicios y hacemos trámites que terminan en decisiones a lo largo de una cadena de eventos donde el resultado final no es igual a la suma de todo lo que ocurre.


Sin embargo, la ciencia y la matemática nos muestran que cada vez más es posible entender la complejidad, mejorar en un momento histórico en donde la computación provee un enorme poder para analizar datos.


Por ello, se nos hace obligatorio tratar de contribuir para evitar las consecuencias de salud inmediatas del COVID-19, al igual que las de mediano y largo plazo que podrían afectar de manera irreversible nuestra vida en materia de salud, economía social y política; en síntesis, el comportamiento humano global.


Tal como indicábamos anteriormente, la “vocación científica” para tratar de contribuir a entender un poco mejor los aspectos específicos de cómo funciona el mundo, podemos indicar la posibilidad del tratar a los enfermos con el plasma, que ha venido utilizando el Instituto Clodomiro Picado de la Universidad de Costa Rica (ICP-UCR), el cual a nivel mundial ha venido proveyendo suero antiofídico para evitar la muerte de personas por mordeduras de serpientes y ha establecido un Plan (3) para apoyar a la Caja Costarricense de Seguro Social y producir un medicamento contra el COVID-19.


Pues, si una persona se recupera satisfactoriamente de la enfermedad del COVID-19, su organismo genera una inmunidad (resistencia) que puede ser extraída del plasma de su sangre y ser usada para salvarle la vida a otras personas con cuadros agudos provocados por el virus SARS-COV-2.


Esa inmunidad, se produce gracias a los anticuerpos o inmunoglobulinas que neutralizan dicho virus y Costa Rica posee todo el potencial necesario para generar dicho tratamiento y ponerlo a disposición del país y en caso de necesidad y/o aceptación, proveer las demandas globales...


¿Cómo se logrará? La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), institución que propuso la iniciativa, contará con el apoyo del Instituto Clodomiro Picado de la Universidad de Costa Rica (ICP-UCR), el cual posee la capacidad humana y técnica para efectuar los procesamientos requeridos en la purificación y formulación de los anticuerpos.


“Las pruebas de control de calidad de las preparaciones de inmunoglobulinas purificadas con la metodología desarrollada por el ICP-UCR ya han sido evaluadas. Los resultados han mostrado que cumplen con todos los estándares internacionales requeridos para estos medicamentos”,


En el ámbito internacional, la terapia con inmunoglobulinas se ha convertido en una prometedora esperanza ante la situación actual de pandemia por el coronavirus SARS-COV-2.; incluso, grandes compañías farmacéuticas como Grifols, de España, planifican su producción para julio del 2020.


De acuerdo con la prestigiosa Revista Médica “The Lancet”, desde la pandemia de influenza registrada en 1918, en diversas publicaciones de ensayos clínicos han sugerido que el uso de inmunoglobulinas obtenidas del plasma de pacientes convalecientes podría funcionar en infecciones por virus respiratorios.


En un estudio realizado con inmunoglobulinas en el 2019 publicado en The Lancet, se encontró un aumento robusto de la inhibición de la hemaglutinación (aglomeración de glóbulos rojos); esta inhibición indica que hay anticuerpos que neutralizarían la hemaglutinina de la influenza y, por lo tanto, el virus no podría ingresar y/o evolucionar en las células humanas.


“Los sueros de pacientes convalecientes o de voluntarios híper inmunizados han sido usados exitosamente en enfermedades como la rabia o el Ébola.; los reportes de la eficacia de estas preparaciones para tratar el COVID-19 son escasos, pero algunos países desarrollados ya están optando por esta alternativa”, manifestó el Dr. Guillermo León Montero, coordinador de la División Industrial del ICP-UCR.


Estas enfermedades no solamente son un problema médico, sino además un problema a nivel de población, a escalas de espacio y de tiempo enormes.


Por estas razones, afirmamos que una de las armas más potentes para poder controlar e idear estrategias a nivel país o región, es la utilización de modelos matemáticos, estadísticos y computacionales, que ha venido utilizando Costa Rica.


Pero este tipo de análisis, no se puede hacer en escala real, pues no se debe experimentar a nivel poblacional, tampoco se puede decir probemos en este lugar esto, y en aquel otro esto otro; habría que definir los protocolos generales para este fin; todos los escenarios deben ser planteados mediante modelos matemáticos, que se construyen, además, en forma progresiva al incluir aspectos de las personas como seres sociales. Por ejemplo, de cómo la percepción impacta las decisiones que tomamos para alcanzar consenso y entendimiento colectivo.


Cuando hablamos de entender cómo administrar una emergencia, además, necesitamos tratar de representar la mayor cantidad de personas posibles en el modelo, las suficientes para que los datos que obtenemos sean lo suficientemente representativos a la realidad[2]; similar a lo que ocurre durante la estimación de riesgo en vulcanología, estimar el riesgo del COVID-19 debe hacerse siempre desde los datos y los modelos para crear escenarios de la forma más realista posible, haciendo uso de todos los recursos a nuestra disposición, incluidos aquellos provenientes de cooperación científica internacional.


Nuestra experiencia conjunta indica que para atacar las consecuencias de COVID-19 de forma anticipada no existen atajos y que, a falta de suficientes datos, la única forma de proceder es mediante el mejor conocimiento disponible.


Al igual que las dos propuestas anteriores, nos permitimos presentar la siguiente propuesta:

Ante la Pandemia del Coronavirus a nivel mundial y en especial Costa Rica, es sumamente preocupante la situación del país como un todo; para tal efecto, es menester indicar los siguientes objetivos:


Objetivo principal


Dotar al Estado de una herramienta económica, social y solidaria en beneficio de la sociedad como un todo, para privilegiar y satisfacer el interés general.


Objetivo inmediato


Satisfacer las necesidades de la Sociedad en su conjunto a través del uso del Patrimonio Ocioso del Estado (o de Patrimonios Privados que como consecuencia de la pandemia no pueden utilizarse).


Instrumento: “En situaciones anormales: remedios anormales”.

Creemos que “tocar y/o bajar” pensiones, salarios y demás pluses, no contribuyen a la reacción económica; no obstante, en otras circunstancias que no sean excepcionales, se pueden plantear cambios de criterio consensuados, cuando se acabe el Estado Excepcional que estamos viviendo.


Recordemos que el PIB (Producto Bruto Nacional), se ve afectado por el desempleo y la falta de ingresos tanto de las personas como de las empresas (públicas o privadas) y consecuentemente afecta el gasto y también influye a las importaciones y las exportaciones.